#6
Prefería perderse
A veces le gustaría tener palabras suficientes, pero no las tiene y a menudo se queda muda y mira el mundo arder en silencio. No porque no tenga nada que decir sino porque simple y sencillamente no sabe cómo acomodar las palabras de manera coherente para que salga de su boca y el mensaje llegue hasta el entendimiento de su interlocutor intacto. Le queda claro que la mayoría del tiempo no es así, se atrevería a decir que nunca es así. Porque uno es uno y otro es otro y lo que discuten entre los dos no es nunca lo mismo.
Por eso la miraba explotar en silencio. Por eso no trataba de justificar sus acciones. De qué serviría si por más que tratara de explicar, las palabras limitarían el mensaje y sonaría estúpido, incoherente, como una simple excusa. Y rogar estaba fuera de los límites de lo que se permitía a sí misma. Le parecía más digno resistir la tormenta en silencio, inexpresiva, tomando con estoicismo los golpes verbales, que le dolían, pero no lo demostraba.
A veces le gustaría ser la persona que no resiste las despedidas y correr tras de ella, y decirle <<no te vayas>>, pero mientras la veía alejarse pensaba en que quizás ya no irían al cine el sábado después de este desmadre; y que tal vez debería archivar su chat para no encontrárselo más tarde.
Pensaba que pasaría la tarde en casa viendo malas series para mantener la mente en algo. No sonaba mal, tal vez hasta tenía ganas de que todo explotara, y poder tener un pretexto para sentirse triste, y luego otro para reinventarse a sí misma.
A veces le gustaría ser una de esas personas que sufre las rupturas amorosas, pero la verdad es que ella sufría a cada rato y le era indistinguible la carga de existir con la de perder a alguien que alguna vez fue amado.
Prefería seguir caminando y recordar con compasión.
Por eso seguía caminando aún cuando se sentía perdida, y lo seguía haciendo después de darse cuenta que su vista estaba nublada y que no sabía si su casa estaba hacia el sur o el oeste. Sentía miedo pero pensaba que camarón que se duerme, se lo lleva la chingada, y decidió seguirse moviendo.
A veces pensaba que le gustaría sentir confianza en el mundo como para alzar la voz y pedir ayuda, pero en su experiencia la gente que sabe que pides ayuda te sabe vulnerable y se coloca en una posición de ventaja. Y a ella no le gustaban las posiciones de desventaja –aunque constantemente las asumía–.
Prefería perderse.


